CORTÁZAR LUDENS, HOMO FABULA Sebastián Jorgi Entrar en el mundo de Julio Cortázar para los críticos ha sido una tarea ardua. En el campo de la docencia hemos apreciado cómo profesoras y profesores han desmenuzado en profundos análisis cuentos como “Casa tomada”, “El otro cielo”, “La señorita Cora”, entre tantísimos otros que hemos visto reflejado en los libros de textos. Un poco los docentes y por qué no también los alumnos hemos jugado con Julio en esa simbiosis de lo lúdico y de la experimentación del lenguaje. Es que él utilizó muy a menudo para sus cuentos y novelas algunos títulos que evocaban juegos: Los premios, Rayuela, 62-Modelo para armar y “Final del juego”. Voy a tratar de no reiterar estos libros y aproximarme a lecturas acaso herméticas, como Último round. “Lo primero que hago al despertarme es correr al cuarto de mamá y darle los buenos días mientras la beso tiernamente en ambas mejillas...Quizá convenga señalar desde ahora que tengo siete años y medio y que estudio solfeo cantado con mi tía Berta.” (“Desayuno”) Las remisiones a la infancia refractan lo implícito de un mundo de juegos, en medio de ese entorno familiar de papá, tía Berta o de mamá. Algo similar aparece en el poema-retrato “Los Cortázar”: Qué familia, hermano. Ni un abuelo comodoro, ni una carga deca balle ría, nada, ni un cura ilustre, un chorro, nadie en los hombres de las calles... nadie que esté parado en mi apellido y exija de la estirpe la pudorosa relación: "Aquel Cortázar, amigo de Las Heras..." Se burla de sí mismo: no tiene ascendencia de estirpe como Borges y algún otro escritor. La identidad escamoteada cuando se interroga en el poema “El cenotafio”: No estoy del todo aquí donde me hablo. Creo que me dejé en Chile y en Roma, en Stevenson, en músicas y voces, en un sauce de Bánfield, en los ojos de una perra que quise... Un juego de espejos, en un viaje a la infancia a través de la lectura de Stevenson, en esa perra que siendo niño quiso, o en ese sauce de Bánfield. Un Cortázar enajenado, melancólico, infiero instancias familiares en esas músicas y voces. Pero lo más patético es el verso: “No estoy del todo aquí donde me hablo.” El sentimiento de extrañeza, de un ser extranjero, de lejanía acaso, ya no es juego. Raúl Castagnino en Fenomenología de lo poético (Plus Ultra, 1980) nos alertaba: "El sentido poético no es el literal sino el sugerido y remontado, el recreado en la mente y en la sensibilidad receptora, el adivinado, el que flota desde la poeticidad.”. Y Cortázar se eleva y se desdobla, enmarcado de alguna manera en la relación Niño-Poesía. Recordemos que Platón lo insinúa en el Fedro y que Hölderlin defendía al poeta acercándolo a la infancia: “Sólo nosotros somos de corazón puro, como niños.” A suerte de comprobación, cito un fragmento de Más encuentros a deshoras: “Los juegos del tiempo, lo que Alejo Carpentier llama la guerra del tiempo, guerra florida y a veces ruleta rusa, en todo caso un billar donde las carambolas se dan en un nivel que deduce el antes y el después a meras comodidades históricas.” (Pág. 161) Esa ida y vuelta a la infancia, al jardín de Bánfield o a lecturas como El tesoro de la juventud, una suerte de contra-arte poética existencial, una verdadera ruleta rusa, infiero con toda modestia, en la intimidad de Julio. Ni qué decir sobre la compactación del tiempo en un antes y un después. La ironía se desliza, veamos: “Los niños son por naturaleza desagradecidos, cosa comprensible puesto que no hacen más que imitar a sus amantes padres. Así, los de ahora, vuelven de la escuela, aprietan un botón y se sientan a ver el teledrama del día, sin ocurrírseles pensar un solo instante en esa maravilla tecnológica que representa la televisión.” (El tesoro de la juventud. Pág. 83) A esta altura de mis intromisiones en el mundo-infancia, en lo fragmentario, tomo mano de una idea de Noé Jitrik (Suspender toda certeza, Biblos, 1997): “El retroceso, el racconto y la fragmentación son formas de recuperación de la memoria”. Se trata de la experiencia del tiempo tratada como objeto de conciencia, incrustada en un espacio-memoria. Estos textos, escritos y cuasi-relatos, o simplemente libreta de apuntes, tienen una utilidad didáctica muy importante para el ejercicio áulico. Y para terminar con Último round, veamos lo que nos dice Julio en la página 272: “Digo juegos con la gravedad con que lo dicen los niños. Toda poesía que merezca ese nombre es un juego y sólo una tradición romántica ya inoperante persistirá en atribuir a una inspiración maldefinible y a un privilegio mesiánico del poeta, productos en los que las técnicas y las fatalidades de la mentalidad mágica y lúdica se aplican naturalmente, (como lo hace el niño cuando juega).” (De “Poesía permutante”) Es que Cortázar espejea; una intensa autobiografía y vuelve a jugar con nosotros, con su otro-yo niño y con el “entonces” sin gravedad, con ironía y sin duda, alguna sonrisa. Otro libro atípico en su producción es Salvo el crepúsculo (Nueva Imagen, 1983). En el capítulo “De edades y tiempos”, leemos: “El sentimiento de la poesía en la infancia: me gustaría saber más, pero temo caer en las extrapolaciones a la inversa, recordar obligadamente desde el “hic et nunc” que deforma casi siempre el pasado. Hay cosas que vuelven a ráfagas, que alcanzan. a. reproducir durante un segundo las vivencias profundas, acríticas del niño: sentirme a cuatro patas bajo las plantaciones de tomates o de maíz del jardín de Bánfield, rey de mi reino, mirando los insectos…” Creo que Julio nos está diciendo que todavía está el niño muy adentro de él y al mismo tiempo nos pide que sembremos en ese niño de barrio que asiste a nuestras escuelas, literatura y fantasía, en lo que él denomina las “vivencias profundas, acríticas del niño”.Es cierto, los jardines no sólo servían para las flores, sino también para que nuestras madres plantaran semillas de verduras. Aprovechemos ese código coloquial, esas apelaciones a la memoria colectiva, esas secuencias o cuasi relatos, esa fragmentariedad tan fresca y tan simpática de este cronopio que tan bien nos ha representado en el mundo de la literatura. En la pág. 323, me atrapó ese retrato que tituló “La madre”: “Delante de ti me veo en el espejo que no acepta cambios, ni corbata nueva ni peinarse en esta forma. Lo que veo es eso que tú ves que soy, el pedazo desprendido de tu sueño, la esperanza boca abajo... No puedo allegarme, mamá, no puedo ser lo que todavía ves en esta cara. Y no puedo ser otra cosa en libertad, porque en tu espejo de sonrisa blanda está la imagen que me aplasta, el hijo verdadero y a medida de la madre, el buen pingüino rosa yendo y viniendo y tan valiente hasta el final, la forma que me diste en tu deseo: honrado, cariñoso, jubilable, diplomado.” Un meta-mensaje, una aleación existencial, una carta, digamos, otra carta más. Es que Cortázar sigue escribiendo, sí, y no cesa, de convocarnos, de enviarnos mensajes. Cómo deberían ser los niños de hoy, en una normalidad de honradez y de cariño, y no blandiendo un arma verdadera frente a sus compañeros. En Salvo el crepúsculo, Julio suma intertextualidades-citas de Francisco Urondo, Shelley, Cernuda, Huidobro y de Octavio Paz, entre otros. Y a modo de recordación, extraigo estos versos de “Cánones” -que Cortázar cita- de Paco Urondo: “Apenas por venir. Ni siquiera volver / un poco: estaré / de ida siempre. De ida / miro, de ida caigo.” En un libro reciente de Graciela Maturo, La Razón Ardiente (“Aportes a una teoría literaria latinoamericana”, Edit.Biblos), la autora reflexiona que “Cortázar es un humorista que mide la indigencia humana y las convenciones socio-literarias con la vara de un implacable sentido del ridículo.” Y en libros como Último round y Salvo el crepúsculo -al igual que en Rayuela o La vuelta al día en ochenta mundos- nuestro Cortázar “ludens” se divierte jugando contra toda convencionalidad en el discurso. Sí, nos habla constantemente, nos provoca y al mismo tiempo es un “homo fabu1a” que inventa y reflexiona y que nos envía a este campo que nos interesa: el mundo de la infancia. Allí donde él mismo se reescribe y juega, recreando su propia niñez y la de nuestros alumnos -por qué no, apelando a la memoria colectiva-. De modo que, sigamos jugando queridos colegas. Y por ahora, muchas gracias y pido gancho. A UN AÑO DE SU PARTIDA FÉLIX COLUCCIO : FIGURA SECULAR CON ENORME CONDICION HUMANA Y por dónde empezar para rendirle homenaje a una figura que recorrió todo el siglo XX con una perfomance cultural que nos enorgullece. Nació el 23 de agosto de 1911 y falleció el 4 de agosto de 2005. Casi 94 años no son pocos y habrá que ir multiplicando, ya que la labor nos dice otras cifras. Maestro Normal, Profesor Nacional de Geografía, Profesor Nacional de Educación Física, son sus estudios. Y su actuación docente pasó como Profesor Adscripto de Geografía Humana, Profesor y Fundador Regente de Estudios del Liceo Militar General San Martin, Director de Investigaciones del Intituto Félix Fernando Bernasconi y Director del Fondo Nacional de las Artes, entre otras actuaciones de relevancia como ser Miembro de la Academia Nacional de Geografía y del Tango . Conocí a don Félix en los años Ochenta, cuando era Director del Fondo Nacional de las Artes. El me gestionó en la entidad un préstamo para publicar mi libro de cuentos Eliot Ness, Pérez and Company y es más, me ayudó a que la publicación saliese al fin, pues la imprenta en cuestión se había demorado más de lo previsto y de lo pactado. Allí comencé a tratarlo y al tiempo, a compartir con él, en el café de la esquina de Entre Ríos e Hipólito Irigoyen, casi siempre acompañado por su esposa Mercedes. Y siempre generoso conmigo, pensando con quién me ponía conectar para publicar mis libros inéditos o algunos escritos críticos. Llamaba a Román de Plus Ultra o a Pampín de Corregidor o a González de Colihue, con el ánimo de relacionarme. O de pronto me recomendaba a una publicación del Perú o del Brasil, ya que su figura tenía un prestigio bien ganado en Latinoamérica, merced a su Diccionario Folklórico Argentino o Fiestas y costumbres de América de 1954, reeditado en 1985 con el título Fiestas y costumbres de Latinoamérica, ya en colaboración con su hija Marta Isabel. Con ella publicó también Cuentos folklóricos para niños en 1981 y Fauna del terror en Latinoamérica en 1984, entre otras obras en la que trabajaron juntos. Una mañana en que debo llevar a mi padre a una entrevista médica (a unos pasos de donde vivía don Félix) paramos en el café antes citado, en el que Coluccio era habitué, ya que con sólo un viaje en ascensor estaba en un par de minutos allí. Lo ve parado delante de mí de un golpe: Yoryi, che, qué hace por acá. Lo invito a la mesa y le presentó a papá. A usted lo conozco. ¿ No vivía en Guido y Salta, en Lanús ? Me quedo helado : a la vuelta de mi casa de infancia en Lanús Este. Don Félix asiente y entonces se entabla un diálogo, a tal punto que vecinos y mis propios padres resultó que iban a las reuniones folklóricas que organizaba don Félix a sólo media cuadra del lugar. Eran los años 1939, 40 y 41. En este recordatorio personal, es mucho lo que le debo agradecer a don Félix . Su aliento, su confianza en mi obra, sus recomendaciones, hasta me llevó a colaborar con él en un programa de Radio Splendid (El café de los artistas). He leído con interés su obra, la que me introdujo en ese mundo mágico de las costumbres latinoamericanas y me sirvió como aporte para mi obra de ficción novelesca. Sobre Fiestas y costumbres en Latinoamérica publiqué una nota bibliográfica con el título Introducción a las costumbres de Latinoamérica (La Razón, Domingo 26 de enero de 1986) y casi un mes después le hice un reportaje que salió en La Capital el 23 de febrero de ese año. Aquí en Mar del Plata, donde en los veranos coincidíamos, nos reuníamos a veces con Pedro Leguizamón, otras con algún ex alumno de don Félix. Curiosamente, en el bar de la rambla (donde están los dos osos), el propietario había sido su alumno cuando Coluccio era maestro de sexto grado. Me llevaba a tomar café allí y los recuerdos surgían en cadena, aunque los proyectos que compartíamos alimentaban expectativas. En mi obra inédita, un ensayo sobre la narrativa argentina, considero su libro Los potros de la libertad, una serie de cuentos de gran fuerza telúrica y de textura impecable. Distinciones como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, la Pluma de Plata del Pen Club, el Kónex de Platino, Ciudadano Emérito de la Cultura Argentina (Secretaría de Cultura de la Nación), Premio Internacional Fernando Ortiz, Campana de Plata de la Embajada de Cuba, Homenaje de la Academia Argentina de Letras y Mayor Notable de la Cultura Argentina (Cámara de Diputados de la Nación) y la Pluma de Oro del Pen Club, entre otros numerosos premios a la trayectoria intelectual de don Félix Coluccio. Ediciones Corregidor tiene en prensa Cultura popular y tradicional de la República Argentina, que esperamos para comentarlo en nuestra columna. Porque usted nos sigue escribiendo, gran Maestro y ha dejado una obra tan única y tan extraordinaria en el campo de las tradiciones populares, folclóricas y de la literatura latinoamericana, que lo han puesto en un podio alto, incuestionablemente alto, de las letras y la investigación. Por su obra y por su enorme condición humana, gracias. Muchas gracias, don Félix.
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CORTÁZAR LUDENS, HOMO FABULA

Sebastián Jorgi

Entrar en el mundo de Julio Cortázar para los críticos ha sido una tarea ardua. En el campo de la docencia hemos apreciado cómo profesoras y profesores han desmenuzado en profundos análisis cuentos como “Casa tomada”, “El otro cielo”, “La señorita Cora”, entre tantísimos otros que hemos visto reflejado en los libros de textos.
Un poco los docentes y por qué no también los alumnos hemos jugado con Julio en esa simbiosis de lo lúdico y de la experimentación del lenguaje. Es que él utilizó muy a menudo para sus cuentos y novelas algunos títulos que evocaban juegos: Los premios, Rayuela, 62-Modelo para armar y “Final del juego”.
Voy a tratar de no reiterar estos libros y aproximarme a lecturas acaso herméticas, como Último round.
“Lo primero que hago al despertarme es correr al cuarto de mamá y darle
los buenos días mientras la beso tiernamente en ambas mejillas...Quizá
convenga señalar desde ahora que tengo siete años y medio y que
estudio solfeo cantado con mi tía Berta.”
(“Desayuno”)

Las remisiones a la infancia refractan lo implícito de un mundo de juegos, en medio de ese entorno familiar de papá, tía Berta o de mamá. Algo similar aparece en el poema-retrato “Los Cortázar”:

Qué familia, hermano.
Ni un abuelo comodoro, ni una carga
deca
balle
ría,
nada, ni un cura ilustre, un chorro,
nadie en los hombres de las calles...
nadie que esté parado en mi apellido
y exija de la estirpe la pudorosa relación:
"Aquel Cortázar, amigo de Las Heras..."

Se burla de sí mismo: no tiene ascendencia de estirpe como Borges y algún otro escritor. La identidad escamoteada cuando se interroga en el poema “El cenotafio”:

No estoy del todo aquí donde me hablo.
Creo que me dejé en Chile y en Roma,
en Stevenson, en músicas y voces,
en un sauce de Bánfield, en los ojos
de una perra que quise...

Un juego de espejos, en un viaje a la infancia a través de la lectura de Stevenson, en esa perra que siendo niño quiso, o en ese sauce de Bánfield. Un Cortázar enajenado, melancólico, infiero instancias familiares en esas músicas y voces. Pero lo más patético es el verso: “No estoy del todo aquí donde me hablo.”
El sentimiento de extrañeza, de un ser extranjero, de lejanía acaso, ya no es juego. Raúl Castagnino en Fenomenología de lo poético (Plus Ultra, 1980) nos alertaba: "El sentido poético no es el literal sino el sugerido y remontado, el recreado en la mente y en la sensibilidad receptora, el adivinado, el que flota desde la poeticidad.”. Y Cortázar se eleva y se desdobla, enmarcado de alguna manera en la relación Niño-Poesía. Recordemos que Platón lo insinúa en el Fedro y que Hölderlin defendía al poeta acercándolo a la infancia: “Sólo nosotros somos de corazón puro, como niños.”
A suerte de comprobación, cito un fragmento de Más encuentros a deshoras:

“Los juegos del tiempo, lo que Alejo Carpentier llama
la guerra del tiempo, guerra florida y a veces ruleta rusa,
en todo caso un billar donde las carambolas se dan en
un nivel que deduce el antes y el después a meras
comodidades históricas.” (Pág. 161)

Esa ida y vuelta a la infancia, al jardín de Bánfield o a lecturas como El tesoro de la juventud, una suerte de contra-arte poética existencial, una verdadera ruleta rusa, infiero con toda modestia, en la intimidad de Julio. Ni qué decir sobre la compactación del tiempo en un antes y un después. La ironía se desliza, veamos:

“Los niños son por naturaleza desagradecidos, cosa comprensible
puesto que no hacen más que imitar a sus amantes padres.
Así, los de ahora, vuelven de la escuela, aprietan un botón y
se sientan a ver el teledrama del día, sin ocurrírseles pensar
un solo instante en esa maravilla tecnológica
que representa la televisión.”
(El tesoro de la juventud. Pág. 83)

A esta altura de mis intromisiones en el mundo-infancia, en lo fragmentario, tomo mano de una idea de Noé Jitrik (Suspender toda certeza, Biblos, 1997): “El retroceso, el racconto y la fragmentación son formas de recuperación de la memoria”. Se trata de la experiencia del tiempo tratada como objeto de conciencia, incrustada en un espacio-memoria. Estos textos, escritos y cuasi-relatos, o simplemente libreta de apuntes, tienen una utilidad didáctica muy importante para el ejercicio áulico.
Y para terminar con Último round, veamos lo que nos dice Julio en la página 272:

“Digo juegos con la gravedad con que lo dicen los niños.
Toda poesía que merezca ese nombre es un juego y sólo una
tradición romántica ya inoperante persistirá en atribuir
a una inspiración maldefinible y a un privilegio mesiánico
del poeta, productos en los que las técnicas y las fatalidades
de la mentalidad mágica y lúdica se aplican naturalmente,
(como lo hace el niño cuando juega).”
(De “Poesía permutante”)

Es que Cortázar espejea; una intensa autobiografía y vuelve a jugar con nosotros, con su otro-yo niño y con el “entonces” sin gravedad, con ironía y sin duda, alguna sonrisa.
Otro libro atípico en su producción es Salvo el crepúsculo (Nueva Imagen, 1983). En el capítulo “De edades y tiempos”, leemos:

“El sentimiento de la poesía en la infancia: me gustaría saber más,
pero temo caer en las extrapolaciones a la inversa,
recordar obligadamente desde el “hic et nunc” que deforma
casi siempre el pasado. Hay cosas que vuelven a ráfagas,
que alcanzan. a. reproducir durante un segundo las vivencias profundas,
acríticas del niño: sentirme a cuatro patas bajo las plantaciones de tomates
o de maíz del jardín de Bánfield, rey de mi reino, mirando los insectos…”

Creo que Julio nos está diciendo que todavía está el niño muy adentro de él y al mismo tiempo nos pide que sembremos en ese niño de barrio que asiste a nuestras escuelas, literatura y fantasía, en lo que él denomina las “vivencias profundas, acríticas del niño”.Es cierto, los jardines no sólo servían para las flores, sino también para que nuestras madres plantaran semillas de verduras. Aprovechemos ese código coloquial, esas apelaciones a la memoria colectiva, esas secuencias o cuasi relatos, esa fragmentariedad tan fresca y tan simpática de este cronopio que tan bien nos ha representado en el mundo de la literatura. En la pág. 323, me atrapó ese retrato que tituló “La madre”:

“Delante de ti me veo en el espejo que no acepta cambios,
ni corbata nueva ni peinarse en esta forma. Lo que veo es eso
que tú ves que soy, el pedazo desprendido de tu sueño,
la esperanza boca abajo...
No puedo allegarme, mamá, no puedo ser lo que todavía
ves en esta cara. Y no puedo ser otra cosa en libertad,
porque en tu espejo de sonrisa blanda está la imagen
que me aplasta, el hijo verdadero y a medida de la madre,
el buen pingüino rosa yendo y viniendo y tan valiente hasta el final,
la forma que me diste en tu deseo: honrado, cariñoso, jubilable, diplomado.”

Un meta-mensaje, una aleación existencial, una carta, digamos, otra carta más. Es que Cortázar sigue escribiendo, sí, y no cesa, de convocarnos, de enviarnos mensajes. Cómo deberían ser los niños de hoy, en una normalidad de honradez y de cariño, y no blandiendo un arma verdadera frente a sus compañeros.
En Salvo el crepúsculo, Julio suma intertextualidades-citas de Francisco Urondo, Shelley, Cernuda, Huidobro y de Octavio Paz, entre otros. Y a modo de recordación, extraigo estos versos de “Cánones” -que Cortázar cita- de Paco Urondo: “Apenas por venir. Ni siquiera volver / un poco: estaré / de ida siempre. De ida / miro, de ida caigo.”
En un libro reciente de Graciela Maturo, La Razón Ardiente (“Aportes a una teoría literaria latinoamericana”, Edit.Biblos), la autora reflexiona que “Cortázar es un humorista que mide la indigencia humana y las convenciones socio-literarias con la vara de un implacable sentido del ridículo.” Y en libros como Último round y Salvo el crepúsculo -al igual que en Rayuela o La vuelta al día en ochenta mundos- nuestro Cortázar “ludens” se divierte jugando contra toda convencionalidad en el discurso. Sí, nos habla constantemente, nos provoca y al mismo tiempo es un “homo fabu1a” que inventa y reflexiona y que nos envía a este campo que nos interesa: el mundo de la infancia. Allí donde él mismo se reescribe y juega, recreando su propia niñez y la de nuestros alumnos -por qué no, apelando a la memoria colectiva-.
De modo que, sigamos jugando queridos colegas. Y por ahora, muchas gracias y pido gancho.



A UN AÑO DE SU PARTIDA
FÉLIX COLUCCIO : FIGURA SECULAR CON ENORME CONDICION HUMANA Y por dónde empezar para rendirle homenaje a una figura que recorrió todo el siglo XX
con una perfomance cultural que nos enorgullece. Nació el 23 de agosto de 1911 y falleció
el 4 de agosto de 2005. Casi 94 años no son pocos y habrá que ir multiplicando, ya que la labor nos dice otras cifras. Maestro Normal, Profesor Nacional de Geografía, Profesor Nacional de Educación Física, son sus estudios. Y su actuación docente pasó como Profesor Adscripto de Geografía Humana, Profesor y Fundador Regente de Estudios del Liceo Militar General San Martin, Director de Investigaciones del Intituto Félix Fernando Bernasconi y Director del Fondo Nacional de las Artes, entre otras actuaciones de relevancia como ser Miembro de la Academia Nacional de Geografía y del Tango .
Conocí a don Félix en los años Ochenta, cuando era Director del Fondo Nacional de las Artes. El me gestionó en la entidad un préstamo para publicar mi libro de cuentos Eliot Ness, Pérez and Company y es más, me ayudó a que la publicación saliese al fin, pues la imprenta en cuestión se había demorado más de lo previsto y de lo pactado. Allí comencé a tratarlo y al tiempo, a compartir con él, en el café de la esquina de Entre Ríos e Hipólito Irigoyen, casi siempre acompañado por su esposa Mercedes. Y siempre generoso conmigo, pensando con quién me ponía conectar para publicar mis libros inéditos o algunos escritos
críticos. Llamaba a Román de Plus Ultra o a Pampín de Corregidor o a González de Colihue, con el ánimo de relacionarme. O de pronto me recomendaba a una publicación del Perú o del Brasil, ya que su figura tenía un prestigio bien ganado en Latinoamérica, merced a su Diccionario Folklórico Argentino o Fiestas y costumbres de América de 1954, reeditado en 1985 con el título Fiestas y costumbres de Latinoamérica, ya en colaboración con su hija Marta Isabel. Con ella publicó también Cuentos folklóricos para niños en 1981 y Fauna del terror en Latinoamérica en 1984, entre otras obras en la que trabajaron juntos.
Una mañana en que debo llevar a mi padre a una entrevista médica (a unos pasos de donde vivía don Félix) paramos en el café antes citado, en el que Coluccio era habitué, ya que con sólo un viaje en ascensor estaba en un par de minutos allí. Lo ve parado delante de mí de un golpe: Yoryi, che, qué hace por acá. Lo invito a la mesa y le presentó a papá. A usted lo conozco. ¿ No vivía en Guido y Salta, en Lanús ? Me quedo helado : a la vuelta de mi casa de infancia en Lanús Este. Don Félix asiente y entonces se entabla un diálogo, a tal punto que vecinos y mis propios padres resultó que iban a las reuniones folklóricas que organizaba don Félix a sólo media cuadra del lugar. Eran los años 1939, 40 y 41.
En este recordatorio personal, es mucho lo que le debo agradecer a don Félix . Su aliento, su confianza en mi obra, sus recomendaciones, hasta me llevó a colaborar con él en un programa de Radio Splendid (El café de los artistas). He leído con interés su obra, la que me introdujo en ese mundo mágico de las costumbres latinoamericanas y me sirvió como aporte para mi obra de ficción novelesca. Sobre Fiestas y costumbres en Latinoamérica
publiqué una nota bibliográfica con el título Introducción a las costumbres de Latinoamérica (La Razón, Domingo 26 de enero de 1986) y casi un mes después le hice un reportaje que salió en La Capital el 23 de febrero de ese año.
Aquí en Mar del Plata, donde en los veranos coincidíamos, nos reuníamos a veces con Pedro Leguizamón, otras con algún ex alumno de don Félix. Curiosamente, en el bar de la rambla (donde están los dos osos), el propietario había sido su alumno cuando Coluccio era maestro de sexto grado. Me llevaba a tomar café allí y los recuerdos surgían en cadena, aunque los proyectos que compartíamos alimentaban expectativas. En mi obra inédita, un ensayo sobre la narrativa argentina, considero su libro Los potros de la libertad, una serie de cuentos de gran fuerza telúrica y de textura impecable.
Distinciones como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, la Pluma de Plata del Pen Club, el Kónex de Platino, Ciudadano Emérito de la Cultura Argentina (Secretaría de Cultura de la Nación), Premio Internacional Fernando Ortiz, Campana de Plata de la Embajada de Cuba, Homenaje de la Academia Argentina de Letras y Mayor Notable de la Cultura Argentina (Cámara de Diputados de la Nación) y la Pluma de Oro del Pen Club, entre otros numerosos premios a la trayectoria intelectual de don Félix Coluccio.
Ediciones Corregidor tiene en prensa Cultura popular y tradicional de la República Argentina, que esperamos para comentarlo en nuestra columna. Porque usted nos sigue escribiendo, gran Maestro y ha dejado una obra tan única y tan extraordinaria en el campo de las tradiciones populares, folclóricas y de la literatura latinoamericana, que lo han puesto en un podio alto, incuestionablemente alto, de las letras y la investigación.
Por su obra y por su enorme condición humana, gracias.
Muchas gracias, don Félix.